lunes, 5 de enero de 2009

La base del etéreo genoma humano

Cuando dos o más personas están en silencio, tan sólo existe un silencio. Y ese silencio puede ser un instante magnífico, un momento lleno y memorable o bien, viceversa.

Cuando dos personas están cómodas estando en silencio, esas dos personas comparten algo especial que, sea lo que sea, les induce a sentirse protegidos, ambos bajo el mismo velo de protección.

Y estos pensamientos acerca del silencio me llevan a recordar que, algunos de los grandes genios de los que tenemos constancia (verse los pitagóricos y Platón, entre otros), practicaban el silencio como lo hacían con la música o las matemáticas.

Desde que el ser humano razona, se cree en la existencia del alma. A pesar de que algunos hombres se han pronunciado a lo largo de los siglos en contra de su existencia por no ser demostrable científicamente, creemos todavía en el alma. Bien, el silencio era considerado un método para cultivar el alma, es decir, para cultivar aquello que nos define ideológicamente.

Sin embargo, a pesar de que el alma sí exista, se requería algo más para explicar todos los fenómenos que la rodeaban y para los cuales el alma suponía un pilar fundamental en la explicación de los mismos. Este nuevo concepto, sería llamado "mente" que, permitanme decir, no por ser llamado "mente" a raíz de un pensamiento humano, es falsa su existencia.

Aprovecharé esta entrada para explicar mi concepción de estos conceptos, intentando no perder el misticismo que les rodea.

En primer lugar, el alma es como un cuenco, inmaterial, que contiene nuestros valores e ideales. En el alma (digamos mejor en su espejo, el cuerpo), podemos ver reflejados valores como la autosuperación, la pereza, el egoísmo, la compasión, etc.

Empero nadie logra adquirir y consolidar valores sobre su persona sin un esfuerzo previo. De este esfuerzo participa la mente. La mente (a la que ordinariamente nos referimos como "fuerza de voluntad") es para el fumador esas excusas que continuamente se pone para fumar, o para el drogadicto para drogarse. La mente es para el obeso esas excusas que se pone a sí mismo para continuar con su condición. Y dominar la mente es trabajo de una fuerza superior, el espíritu. Si uno se doblega ante los deseos de la mente, su espíritu es débil, no es capaz de evitar la tentación. Si, en cambio, lucha contra sus debilidades, se hará cada vez más fuerte.

El cuerpo, por tanto, no es más que la perfecta máquina que contiene el espíritu, la mente y el alma y que, al mismo tiempo, nos permite la vida, al menos en el único mundo físico que conocemos.

Hablaré, por último en esta entrada, del ego. El ego es la mayor enfermedad del ser humano, es la oposición directa de la felicidad y es, literalmente, la conciencia del yo, de uno mismo como individuo. Cuando uno nace, no tiene alma (o mejor dicho, está vacía), no tiene valores, tiene el espíritu que lo llevará hacia los mismos. Tener el alma como un recién nacido es alcanzar una divina vacuidad que nos supone retomar la docilidad de la que disponíamos en nuestros primeros años de vida y que, debido al deterioro por desuso de la misma (o uso muy intermitente), ya tenemos muy deteriorada.

Debo decir que el ego es tan mala enfermedad porque, cuando uno es consciente de ser uno, de ser un individuo, comienza a buscar toda clase de maneras para diferenciarse de los demás. Se compra unas ropas u otras, se sacrifica por sí mismo más a menudo y menos por los demás, busca las riquezas con mayor afán, se vuelve uno más uraño y ambicioso (la ambición es insana porque, a fín de cuentas, nace del ego y lo que se pretende con la ambición es lograr el bienestar, algo imposible pues su procedencia jamás nos permitiría considerar que lo que tenemos, sea cuanto sea, es suficiente para nuestro bienestar y descanso)... Del ego mismo surgen las faltas de respeto, surge la inmoralidad, el narcisismo que no nos permite ver, o la ambición de lograr sentirnos narcisistas, de querernos...

Si Dios es amor, el ego es su opuesto.

A pesar de lo poco que he dicho en esta entrada, sin esta base rara vez comprenderéis mis palabras en textos futuros. Poco a poco iré tratando de desglosar el enigma que se esconde tras la felicidad, pero no te engañes, no lo comprenderás de no aplicar tus decisiones de la manera correcta. Con esto quiero decir, que deberás dar de lado todo acto que no sea bondadoso, deberás olvidar la envidia, las mentiras (no hay nada noble y honrado que debas ocultar), etc...

No hay comentarios:

Publicar un comentario