Mi padre me dijo una vez que hay 3 cosas que un hombre debe hacer para ser completo: plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. Más tarde supe que la frase no era suya, pero no por eso tuvo un efecto diferente en mí. Yo habría añadido que para ser completo uno necesita enamorarse y ser correspondido, aunque supongo que el autor de esta frase ya presuponía esta parte al decir lo de tener un hijo.
El título de esta entrada es el título del libro que he comenzado a escribir, a fuego lento pero cuidadosamente. Iré colgando aquí todo lo que vaya escribiendo al respecto, pues en este libro voy a tratar de transmitir muchas cosas e, independientemente de que una editorial decida publicarlo o no, quiero que sea leído.
--------------------------------------------------------------------------------------
Últimamente he estado preguntándome por qué me atraes tanto. Como la atracción propia de alguien atraído por amor. Y cuanto más he intentado encontrar la respuesta, más me he dado cuenta de que no existe dentro de la lógica.
No sé por qué ocurre, pero sé que ocurre. Sé que quiero conocerte y conocer tus secretos, sé que quiero confiar en ti. Y sé que no debo.
Mientras te escribo estas líneas veo tu rostro una vez más, con ternura y con la expresión inocente y soñadora que caracteriza a las buenas personas.
Finalmente, aunque no voy a mandarte esta carta, la escribo porque en el fondo de mi corazón yace la esperanza de que, algún día, la leas. Quiero que sepas la verdad, quiero que sepas que alguien te quiso una vez, quiero que sepas que yo te quise una vez.
Durante mucho tiempo he predicado la honradez, la justicia, ideologías basadas en vivir el momento presente, el cultivo del alma, el culto hacia el amor, la autosuperación, entre otras similares. Sin embargo, no soy capaz de llevar a cabo mucho de lo que trato de enseñar cuando se trata de Abril. Siempre que pienso en ella, recuerdo, vivo en el pasado, me vuelvo algo egoísta por querer que tan sólo fuera mía, me pongo celoso con facilidad, la honradez desaparece para dar paso a la pasión y a todo aquello cuyo fin fuera preservar lo nuestro.
Aún a día de hoy me planteo la decisión de haberla abandonado, de haberle dicho que ya no estaba bien con ella, de haberle mentido. Fui cobarde. La verdad es que aún recuerdo esa sensación de miedo que sentía, mi amor por ella, nuestro amor, iba aumentando vertiginosamente, sin pausa y a un ritmo extraordinario. De pronto me asaltaron las dudas. Ya varias veces le había preguntado si se casaría conmigo, en broma claro. La respuesta siempre era un serio no. Y cuando comencé a cuestionarme que el día en que lo nuestro se acabaría de forma drástica tarde o temprano llegaría, me entró el pánico de que, cuando ese día llegara, ya fuera demasiado tarde para que yo superara la pérdida de la persona a la que más he amado en la vida. No me di cuenta de que ese momento ya había llegado.
Desde ese momento, muchas cosas ocurrieron. Ella no tardó en encontrar un sustituto ni en convertir el amor que me profesaba en odio. Yo, por otra parte, no tardé en morir un poco más. Ha pasado algo más de dos años desde aquello y, aunque ya no la quiero a ella, sigo queriendo a la que fue. Ahora mismo, la persona de la que me enamoré ya no existe. Supongo que herí su orgullo, puesto que según la reputación que esta chica tenía, yo nunca debí de haber sido su pareja. Pero cuando se quiere como yo la quería, el orgullo no tiene lugar.
En estos últimos años he tratado de mantener contacto con ella, pero fue en vano. Al menos un día logré que aceptara quedar conmigo y charláramos. No pude contenerme y le pedí perdón por lo sucedido, de nuevo. Resulta que, me dolían mucho más las consecuencias de lo sucedido que lo sucedido en sí mismo. La persona en la que se había convertido tras ese momento era todo lo contrario de lo que le hubiese deseado.
No obstante, las consecuencias de lo ocurrido en mi fueron muy diferentes. Aprendí que del dolor se aprende. Y tras el dolor que pasé y del cual aun hoy en día siento algún resquicio, resultó que maduré. No obstante, no volvería a conocer el amor hasta mucho más tarde.
Recuerdo que aquel dolor intenso, por el cual preferiría morir antes que volver a sentir, fue la causa de un cambio radical en mi forma de pensar. Al principio era incapaz de relacionarme con normalidad y, menos aun con mujeres. El estado de ánimo y el momento no eran los adecuados. Sin embargo, pronto eso cambiaría, comenzaría a entender algo del pensamiento femenino, lo estudié, perdí el miedo al fracaso, perdí el miedo en general y, aunque comenzó a resultarme relativamente sencillo mantener alguna relación con el sexo opuesto, ninguna me completaba. Ya no le daba ningún valor a tener pareja o no. Me daba igual, ya nada me importaba porque nada tenía sentido.
Durante ese tiempo, muchas cosas cambiaron. Entre otras, yo me fui de España a Costa Rica, a estudiar Medicina.
No hay comentarios:
Publicar un comentario